"La Pianista Elizabeth Schwimmer en Madrid"
Por Ma. Teresa Rivera de Stahlie
Recién llegada de Friburgo donde tocó en la Galería Phenix, importante centro cultural en el casco antiguo de esa ciudad Suiza, la pianista cochabambina Elizabeth Schwimmer ofreció un recital de piano en la Biblioteca Musical del Ayuntamiento de Madrid, con el auspicio de la Embajada de Bolivia en España.
Su sólida formación en México, Estados Unidos y Austria le permite abordar obras de gran envergadura como fue el “tour de force” de su programa de tres compositores sudamericanos: el brasileño Villalobos, el argentino Ginastera y el joven boliviano Oldrich Halas, nacido en La Paz en 1967.
Polichinelo, breve joya pianística de Villalobos, seguido de Alma Brasileira (Choros No. 5) fueron el preámbulo de las Bachianas Brasileiras No. 4. La música de Villalobos es “Imaginación, virtuosismo y jugo popular ya completamente asimilado”, como lo describe Franco Abbiati y exige una gran técnica y el sentir de los ritmos y acentos de la música popular del Brasil
Otro recorrido por el folklore, esta vez de la Argentina son las Danzas Criollas que conforman la Suite de Ginastera. Enérgicas, de gran prestancia tienen el ímpetu, pero a la vez el lirismo del discurso musical de Villalobos, una bipolaridad que exige gran musicalidad y la madurez artística que hace al gran intérprete. Elizabeth Schwimmer no se quedó corta ante ninguno de estos requerimientos.
A raíz de la obra “Alasitas” de Oldrich Halas programadas para la segunda parte, la artista aprovechó el intermedio para explicar el origen y el alcance de esta fiesta de la tradición Aymara sobre la que el compositor boliviano se ha inspirado. Para ilustrar su interesante introducción trajo consigo una variedad de miniaturas y naturalmente el Ekeko cuya leyenda también figuró en el programa de mano. Tanto en Friburgo como en Madrid la pianista hizo conocer a las audiencias europeas una de las más importantes tradiciones Aymaras que es un ejemplo del sincretismo que existe entre la religión católica y las creencias tradicionales.
“Alasitas” de Oldrich Halas es una interesante Suite de miniaturas musicales cuya “mixtura” está en la yuxtaposición de danzas tradicionales de la tierra con reminiscencias u homenajes a compositores universales que el autor incorpora de una manera singular.
El compositor Oldrich Halas, de madre Potosina y padre Checo, obtuvo el Primer Premio de composición en el “Concurso Nacional de Obras Pianísticas para niños -Ma. Teresa Rivera de Stahlie” que tuvo lugar en 1998 en Cochabamba y que fue organizado por Franklin Anaya –entonces Director del Instituto Eduardo Laredo- y la Honorable alcaldía Municipal de la ciudad. Desde entonces, su Catálogo de obras se ha enriquecido enormemente con una variedad de composiciones que incluye música de cámara estrenada por conjuntos de Alemania, Portugal y Francia y su Concierto para piano y orquesta op. 23 que fue estrenada el año pasado por la Orquesta Sinfónica Nacional que dirige el maestro David Handel.
Alasitas, escrita para la pianista Elizabeth Schwimmer empieza con la Toccata urbana I seguida de Morenada I. A la Sonata “quasi una fantasía” (Beethoven?), sigue Adagio para una cholita enamorada. De pronto irrumpe el allegro vivo del Entreacto de Carmen de Bizet, conveniente e ingeniosamente distorsionada. ¿Un Auki-Auki luego de Bizet y antes de Webern? Le sigue, Noche, un interludio de carácter romántico y tranquilo que antecede a Morenada II .
La siguiente pieza de la Suite, titula Cage y está dedicada a John Cage y su filosofía del silencio con lo cual Oldrich sienta a la pianista frente a una página en blanco e incluso un reloj, que ella acomoda sobre el piano, le marca el minuto de silencio que debe durar esta parte. Una Fuga; la Pieza ritual con final sorpresivo y la brillante Tocata II completan las trece piezas de la obra.
No sería ético revelar el final sorpresivo, aunque de todas formas, es aleatorio.
Satie, fue quien, harto de reglas y convencionalismos, sentó las bases para una nueva música e introdujo títulos satíricos e indicaciones de lo mas curiosas para el intérprete. A su vez, Cage, con su declaración de que “todo lo que hacemos es música”, excedió todo límite.
Oldrich Halas se mueve en el campo liberado y sin barreras que se abrió desde entonces y requiere en “Alasitas” que la pianista se interrelacione con el público de varias maneras entre parte y parte de la obra. La pianista es cómplice de estas salidas ingeniosas, y las disfruta enormemente. El público responde a la sucesión de sorpresas que -a mi modo de ver- rompen un poco el hilo del discurso musical que es infinitamente mas interesante.
Elizabeth Schwimmer nos hizo conocer esta novedosa obra de Oldrich Halas y nos dejó el recuerdo de un concierto de gran nivel con un programa de excepción.
Madrid, Mayo de 2005.
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