LA VENDEDORA DE ROSAS
Te conocí pequeñuela, vendiendo tus rosas a los enamorados del cafecito en la esquina de mi oficina, cuando cansada, según yo, iba a relajarme por un par de horas, acompañada de un café y quizás de alguna amistad.
Siempre te veía llegar, con tu sonrisa, tus flores y a veces con unos cuantos muñecos de peluche por si algún caballero comprara un tierno conejillo con su gran moño rojo para conquistar a la dama de su corazón.
Para mí eras motivo de fascinación cuando vislumbrabas mi mesa y me veías sentada, con mi habitual cigarrillo, ya sea leyendo el periódico o en una charla animada sobre algún evento del día. Siempre corrías y te sentabas a compartir conmigo tu tan ansiadas hambuguesa y Coca Cola.
Por supuesto, siempre llevé a casa una de tus rosas o en una ocasión, aquél perrito sabueso que todavía está sobre mi escritorio; no había manera de decirte que no.
Jamás imaginé que un ser tan pequeño, de tan solo 9 años llevara sobre sus hombros y su joven alma tanto sufrimiento oculto tras una interminable sonrisa. Marina, una de los tantos niños trabajadores de mi querido pueblo, estudiaba cuarto año de primaria en las mañanas, cumplía con sus deberes escolares por la tarde y salía a trabajar en los cafés de la Calle España hasta altas horas de la madrugada, donde nos reunimos los "habitués" con nuestras grandes poses de intelectuales, artistas,psicólogos, sociólogos y demás "logos".
Los padres de Marina habían emigrado a un país vecino a trabajar y reunir algún dinero, pues la situación del país iba de mal en peor. Ella se había quedado al resguardo de su abuela, otros hermanos menores vivían con otros parientes. Marina tenía que trabajar, pues,aunque sus padres enviaban dinero para la subsistencia de sus hijos, la cariñosa abuelita exigía una cantidad extra de dinero de esta pequeña so pena de dejarla sin comer y alguna que otra paliza.
Son dos años que dejé de visitar el cafecito, a veces paso por ahí, y esa eterna sonrisa ha desaparecido junto a su dueña.
Dentro de mí y al mirar a ese perrito de peluche que me observa con sus ojos muertos, me pregunto ¿qué será de Marina?
Espero que ese Dios Todo Poderoso y lleno de Misericordia para la Humanidad no se olvide de derramar algo de sus ilimitados poderes, aunque sea un poquito sobre mi querida y recordada vendedora de rosas.